Now Playing Tracks

Cenicientas pigmaliónicas

Lucio Rogelio Avila Moreno[1]

Para encontrar a las cenicientas pigmaliónicas basta con mirar en cualquier rincón de la ficción cinematográfica, ahí dónde el cuento del escritor francés Charles Perrault es transformado y en gran manera reciclado; ahora las plebeyas no viajan en calabazas encantadas ni calzan pequeños zapatos de cristal, lo actual es convertir el sueño americano en algo enteramente posible, donde la bondad y la inocencia seguramente atraerán al hombre deseado, hoy por hoy, hasta una prostituta sin mucha educación, pero de “buenos sentimientos”, puede llegar a ser una princesa.

                La idea de un romance interclasista en el Hollywood actual se remite a la época del cine clásico. Dentro de los años treinta hasta los sesentas, el cine no podía mostrar igualdad de razas o equivalencias de género, pero más allá, se aceptaba que el joven rico se enamorara de la chica humilde e incluso la transformara en una dama. Herederas del mito de Pigmalión, las mujeres son esculpidas, lustradas y entregadas para cumplir un ideal dentro del imaginario masculino. Víctimas de esta fantasía, algunas prostitutas en el séptimo arte son la construcción político/social ideada por los hombres, más que por las mismas mujeres.

                La película “Pretty Woman” (1990) de Gary Marshall, una de las comedias románticas más populares a inicios de los años 90, ejemplifica claramente todo lo anterior. En la trama, Vivien (Julia Roberts) es una prostituta de Los Ángeles que por una ingenua casualidad conoce a Edward Lewis (Richard Gere), un joven millonario que al paso de los días la irá convirtiendo en su mujer ideal, no sin antes ceder un “poco” de sí mismo y ser transformado, de magnate poco sensible a un hombre adinerado pero de amor puro. Lo que inicia como un supuesto acuerdo de negocios (ella ha de pasar una semana con él como su acompañante) termina en una compenetración amorosa de situaciones cómicas, ocasionales malentendidos, pero sobre todo de momentos esperanzadores. Julia Roberts nos ofrece una estupenda actuación donde mezcla elementos de sensualidad, coquetería e incluso inocencia, es un producto hollywoodense que nos regala, por las buenas, una divertida historia de amor que sólo es probable en la ficción. Aún así, algunos nos cuesta trabajo creernos el cuento, pero nos gusta tanto que lo aceptamos.  

                Otro intento no tan afortunado y mucho menos conocido de la historia es la película “Going Down in LA-LA Land” (2011) de Casper Andreas. En ella, Adam (Matthew Ludwinski) es un joven actor que se muda a Los Ángeles, pero con poca suerte termina trabajando en una productora de pornografía. Sin actuar en las películas, es convencido por su jefe para que se prostituya con los grandes productores y personalidades del cine, es ahí donde conoce a John, un popular actor para la televisión, joven y millonario.

                La dinámica no cambia mucho. Adam es inocente, incluso un poco bobo, pero de buenas intenciones; comienza a tener una relación amorosa con Jonh (uno de sus clientes), quién por razones de trabajo no puede salir del clóset. Aquí el giro se centra en la homosexualidad de sus protagonistas, un amor imposibilitado no por la diferencia de clases sociales (que igual existe) sino por la inclinación sexual de los involucrados. Es un logro que los cuentos de hadas actuales puedan tener como pareja a dos personas del mismo sexo, sin embargo es apenas una leve transgresión, pues en realidad no se cuestiona nada y los roles siguen intactos. Cenicienta (hombre o mujer, poco influye) premiada por sus labores de humildad y su eterna creencia en el amor más rosa, llega a ser rescatada por el príncipe azul. ¿Viven felices para siempre? pues sí, al menos hasta que aparecen los créditos finales.        


[1] Texto publicado en la revista digital de fotografía y cine “STROBO”, Nº 1, Marzo – Abril http://www.issuu.com/revistastrobo/docs/strobo_1 pag: 62 - 63. 

Escépticas del romance

“Los diarios de Carrie” de Candance Bushnell”[i]

Por Lucio Rogelio Avila Moreno

image

Recientemente me senté a ver, una vez más, la sexta temporada de la serie producida por la HBO “Sex and the city”, lo acepto, soy un completo adicto a ella. Al momento de estrenarse la serie, por allá del año de 1998, tuvo una gran aceptación entre el público y la crítica, se armó un poco de revuelo dentro de la idea de mujeres hablando de sexo, teniendo sexo y lo mejor de todo, disfrutando del sexo. Aún cuando la liberación sexual se llevó a cabo en los años sesenta, el placer femenino tuvo un nuevo revés con esta serie al mostrar una especie de “popularización” de la mujer sexualmente libre, más allá del objeto de consumo masculino y las supuestas emociones otorgadas al sexo femenino. Desde el primer capítulo Carrie Bradshaw, la protagonista de la trama, se pregunta: ¿Pueden las mujeres tener sexo como los hombres? O sea, sin sentimientos ¿solo sexo y nada más?

La escritora Carrie Bradshaw, presentada en las primeras temporadas como una escéptica del romance, habla sobre las relaciones de pareja/amorosas en Nueva York y sostiene, el apagar su cigarrillo, que “Ya nadie desayuna en Tiffany’s y esta es la edad de la no inocencia”, citando dos novelas famosas con referente a La Gran Manzana, una de ellas es “Desayuno en Tiffany’s” (1958) de Truman Capote, la otra “La edad de la inocencia” (1920) de Edith Warthon. Es curiosa la cita cuando ambos títulos son emblemáticos de algún modo respecto a la idea preconcebida del romance en la cultura pop, sobre todo porque han sido llevadas al cine con una visión edulcorada.

La película “Breakfast at Tiffany’s” (1961) de Blake Edwards, nos presenta a una estilizada Audrey Hepburn  en el papel principal, ataviada con un elegante vestido de Givenchy  y un collar diseñado por el maestro parisiense, Jean Schlumberger. El filme tiene un toque rosa sobre las relaciones: chico se enamora de chica, canciones bellas en la terraza, beso bajo la lluvia; y en “The Age of Innocence” (1993) de Martin Scorsese, la hermosa Michelle Pfeiffer interpreta a la Condesa Olenska, quien tiene un enamoramiento platónico con el joven Newland Archer, llevado a la pantalla en la piel del guapo actor Daniel Day-Lewis. Scorsese, aunque fiel y puntual a la novela, no deja de ofrecer una exageración romántica en dicha relación imposibilitada por las costumbres de una sociedad neoyorquina de la década de 1870. En amabas películas se vende una especie de “amor verdadero” y “puro”.

image

Sin embargo, más allá de la ecuación, tanto Capote como Warthon eran personas bastante inteligentes, de visión crítica respecto a las relaciones amorosas y las constricciones sociales. Juzgaban la creación de ideas dentro de un imaginario social y la imposición de las mismas, en pocas palabras, Capote podía ser muy cínico y Warthon manejaba un sentido del humor bastante negro, ellos también eran unos escépticos del romance.

Y siendo honestos ¿quién no es escéptico del romance en una sociedad donde las relaciones son fluctuantes y el sexo gratuito? Quizá el amor, como se nos ha vendido durante años, no es más que una creación de ideas noveladas y escenas Hollywoodenses, pero seguramente eso ustedes ya lo saben.

Dentro de las escritoras escépticas sobre la idea de un romance  a la americana, o mejor dicho “made in Hollywood”, es la creadora del personaje de Carrie Bradshaw, la escritora estadounidense Candace Bushnell, nacida en el año de 1958 en Glastonbury, Connecticut.

La serie para la televisión “Sex and the city” es, al menos la primera temporada, una libre adaptación de la primera novela de Candace Bushnell titulada “Sexo en Nueva York”, editada en el año de 1997. La trama del libro va sobre Carrie, un alter ego de Candance, las dos escritoras, rubias, delgadas, ni muy guapas ni del todo finas, pero lo suficientemente atractivas para conseguir los hombres que desean y con el intelecto necesario para cuestionar a la élite de La Gran Manzana, así como hacer un retrato tanto de los galantes oportunistas, los magnates opresores y lo imbéciles que pueden llegar a ser los hombres; de igual modo, las mujeres que suele retratar Candance en sus novelas no son del todo afortunadas, ¿por qué parece ser que algunas mujeres les agrada ser maltratadas? Y por maltrato se pueden citar muchas cosas de carácter burgués: matrimonio, tener hijos, vivir a la sombra de un hombre y lo peor de todo ¡enamorarse de uno!

El libro “Sexo en Nueva York” es una compilación de varias columnas escritas por Bushnell, ella al igual que su personaje, publica en un periódico (el New York Observer) sus vivencias sociales y sexuales, Candace confiesa que tenía que salir de fiesta por lo menos cuatro noches a la semana para sacar su columna a flote, un trabajo muy difícil ¿no lo creen?

image

Personalmente Candance Bushnell es una especie de guilty pleasure, tengo todas sus novelas en casa; por un lado no se puede negar que la mujer tiene ingenio, humor negro y un cruel sarcasmo, sin embargo el problema es que se toma demasiado en serio a sí misma, y en dicho intento de seriedad cae en el espejismo de un feminismo norteamericano tan típico en el siglo XXI. Este espejismo es solo eso, una fantasía de la liberación sexual femenina donde las mujeres desean emanciparse en todos los aspectos y romper con las normas patriarcales de una sociedad machista, en apariencia los personajes de Candace son independientes, tienen trabajos bien remunerados (aunque no ganan tanto como los personajes masculinos), se acuestan con hombres ricos y compran sus propios bolsos caros, pero detrás de esta pantalla sólo está la imposición del ideal femenino cosmopolita: bien vestida, bien peinada, delgada por imposición, obligada a permanecer (¿parecer?) joven, sin arrugas, bella y de buen gusto, con un desprecio por otras mujeres que representan “la competencia” y un amor/odio por los hombres pero al final no se puede vivir sin ellos, desean casarse, ser una especie de mujer ideal, “mujer modelo”.

Sin embargo, tomar muy en serio a Candace Bushnell mientras se lee una de sus novelas solo amarga el momento, por eso cuando me senté a leer “Los diarios de Carrie”, el último libro de la autora traducido al castellano y del que pronto se estrenará una nueva adaptación para la televisión, decidí disfrutarla y nada más. El resultado fue satisfactorio, “Los diarios de Carrie” nos dice quién era Carrie Bradshaw antes de irse a Manhattan, calzar Manolo Blahnik y amanecer en la cama de atractivos hombres.

En la novela Carrie es una chica de diecisiete años que vive en Glastonbury, Connecticut, sin mucho talento para nada en especial, desea ser escritora, busca el “amor verdadero” o al menos un novio con el que valga la pena besarse, sale con sus amigas al único bar cercano a su casa y se deja impresionar por jóvenes “rudos y sofisticados”, lo pongo así: Carrie es como algunos fuimos en la preparatoria, ingenuos pero con ganas de comernos el mundo.

Es un libro sencillo, fácil de leer, la protagonista aprende lecciones básicas pero por lo mismo importantes. Se enamora del chico equivocado, se convierte en una escéptica del romance, se subestima a sí misma, al paso de la trama escribe sobre cosas de las cuales sabe, inspirándose en sus propias vivencias… todo llevado de la mano con un fino humor negro. Descubrimos que el origen del gusto por la moda en Carrie no es un acto de esnobismo o pretensión, más bien una herencia por parte de su madre y abuela. Si algo se debe celebrar en la novela es la sencillez y honestidad con que se plantean las cosas, sin melodramas innecesarios.

En algún momento de la historia Carrie puede parecernos una chica bastante tonta, sobre todo por su inexperiencia, pero si recapacitamos y pensamos en un par de años atrás en la vida de cualquier lector, probablemente cometimos los mismos errores que ella. Carrie no es ni muy guapa ni muy inteligente, pero sabe ingeniárselas para conseguir lo que desea, parece ser que por primera vez Candace Bushnell antepone la vocación a la pasión. La joven protagonista, antes de querer un buen mozo como novio, quiere ser escritora e ir a La Gran Manzana, este punto es interesante, incita a sacudir las cuestiones cursis, las historias rosas y la posible conquista del “hombre perfecto” e irreal. Quizá la resolución sea un poco insatisfactoria, una que enuncia: “El amor, como se pinta en la mayoría de las películas y novelas comerciales, es inexistente”, sin embargo ¿no es mejor estar consientes de ello antes de caer en un terrible desengaño? Es posible, pero lo sé y ustedes lo saben, algunos códigos sociales son difíciles de extirpar, y creer en historias acarameladas con “final feliz”, es una opción potencialmente tentadora. 

image



[i] Artículo publicado en la revista de Moda “Égalité”, Agosto-Septiembre 2012, pp 183- 189. http://issuu.com/egalite-magazine/docs/_galit__mode__dition

La reina oscura

“La perra de Alejandría” de Pilar Pedraza

Por Lucio RogelioAvila Moreno

image

 Pensar en viajar es ya proponerse un cambio, el cual puede ir desde lo geográfico hasta lo personal y completamente perceptual. Trasladarse de un lugar a otro conlleva una aventura que despliega nuestras posibilidades a rumbos insospechados. De forma física (ya sea tomando un avión o autobús) así como mental (al leer un libro) el abanico de retos por superar y placeres por probar se torna mucho más interesante. En lo que va de mi vida solo he realizado un viaje largo, tanto en tiempo como espacio. Fue a España, “la madre patria”, como algunos le llaman y que en lo personal detesto el término, no existe cosa más contradictoria que usar la palabra “madre” en combinación de un término tan patriarcal como lo es “patria”.

Me fui para estudiar un semestre en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, me fui porque requería un respiro ante mi falta de producción artística, porque deseaba conocer otra cultura y besar labios de distinta procedencia, me fui y al final puede que Europa se encuentre sobrevalorada en algunos aspectos. Sin embargo pude conocer a varios escritores, donde la literatura es una forma de ir más allá de lo planeado, me apego a la frase de Emily Dickinson: “Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”

Conocí a todo un icono de la literatura gótica y de terror, llamada por algunos “La reina oscura”, pero la verdad  es un ángel y una profesora excepcional. Una vez que ingresé a mis cursos de “Cine clásico” y “Cine de vanguardias”, me di cuenta que la mujer que impartía clase, aquella de sonrisa angelical, cabello rubio y sentido del humor excepcional, era todo un personaje de las letras, su nombre es Pilar Pedraza. Nacida en España, Toledo en el año de 1951, Pilar es una escritora de culto, feminista y socialista, historiadora del arte que ha dedicado gran parte de su vida a la cultura y al cine, además de novelas de corte gótico, también tiene una serie de ensayos que se enfocan en la mujer y el cine, la mujer muerta, la mujer monstro y la misoginia que proyecta todo este arte; de sus libros de ensayo cabe destacar la extenuante recopilación de mujeres en las tumbas de la literatura y el cine (muertas y no muertas, las révenante) llamado “Espectra”, y una de las novelas más celebradas de ella, tanto por la crítica como por sus lectores, es “La fase del rubí”, publicada en el año de 1987.

image

No obstante yo les quiero hablar de “La perra de Alejandría”, publicada en el año 2003, novela que leí por las noches en la terraza de mi departamento en España con un par de velas para iluminarme y así encogerme del miedo. El relato de este libro se inspira en la filósofa Hypatia, perteneciente a una Alejandría crepuscular e híbrida, donde los dioses griegos y egipcios van perdiendo terreno en la mente y corazón de un pueblo impresionado por el cristianismo; sin embargo el personaje principal es Mihal Gospod, conocido como Bárbaro, un joven príncipe dacio que al escapar de su país llega a esta ciudad cosmopolita para convertirse en un cínico, perteneciente a la secta de los “perros”, filósofos de la escuela de Diógenes que vivían en las calles, sin casa y sin familia más allá de sus hermanos de la calle (y si tenían esposa e hijos, no era algo que les preocupara en demasía), el punto de estos filósofos era la sobrevivencia con lo básico en la vida, evitando un sinfín de imposiciones tanto teológicas, económicas, políticas y burocráticas, eran inteligentes por supuesto, y también contestatarios. Bárbaro seguirá las enseñanzas de su maestro Elpidio, pero también se encontrará con la imponente Melanta (personaje inspirado en Hypatia) quién es el eje principal de la trama, aquella que tira del delicado equilibrio político/teológico en el cual se ve inmersa una Alejandría con sed de sangre, al final ¿qué dios no ha dado/pedido sangre de y para sus súbditos?

En este libro Pilar nos ofrece una ficción terrorífica y visceral, las páginas se van empapando de sudor, mugre y sangre, el lector se va manchado de pies a cabeza por este universo lleno de una rica iconografía perteneciente al mundo clásico pero también al imaginario personal de la autora, la cual tiene una sublime inclinación por las panteras, las bestias, los monstros, el instinto animal que desgarra a la razón y deja fluir los ímpetus de la carne y el cuerpo, es evidente la sed heredada por el Marqués de Sade, una sed sadiana que Pilar comparte en su relato. Con un ritmo bastante ágil, las acciones de los personajes se suceden una tras otra en una atmósfera previa al caos, posteriormente viene la hecatombe. Cada evento es relatado con fina maestría sin carecer de interés o suspenso, incluso despierta una atractiva ambigüedad.

Paralelo al personaje principal que es Bárbaro, instruido por el maestro cínico Elpidio, posteriormente educado (¿manipulado?) por la filósofa Melanta y acompañado por la hermosa maestra Ifianasa, ambas mujeres que salen de cualquier norma “conservadora” instaurada por el cristianismo; también tenemos a Orestes que es el gobernador de Alejandría, quién intenta mantener un equilibrio entre las distintas creencias, siendo permisivo con la nueva fe cristiana al ser presionado por el obispo; por otro lado, Filoxeno, sobrino de Orestes, joven personaje de atractivo viril y a momentos andrógino, despierta cierto placer homosexual en Bárbaro (o al menos en el lector, en mi caso así fue) en una sociedad donde las relaciones entre las personas del mismo sexo no eran mal vistas hasta la llegada del cristianismo.  

image

El libro se inspira en varias culturas y mitologías, la autora cuestiona las creencias tanto paganas como cristianas dentro de una “fe única”, desnuda las distintas ideologías gracias a su amplio bagaje como historiadora del arte, nos cuestiona y sobrepone ante varios puntos de vista teológicos, y aunque en gran medida todo es ficción, no deja de tener apuntes verídicos y de crítica social. Sin embargo no se engañen, el libro no es pesado ni aburrido, todo lo contrario, se deja leer con gran facilidad e incita a la investigación posterior a la lectura.

Lo que más me sorprende de “La perra de Alejandría” es la unión de la cultura clásica con un ritmo postmoderno, sobre todo ahora que se pone tan de moda retomar las figuras del pasado, para jugar con ellas en el cine y la literatura sin pena ni gloria, ante ello yo recomiendo huir y refugiarnos en la ficción de Pilar Pedraza. Esta novela es una historia fresca, un libro atemporal, me atrevo a decir que pasarán los años y se podrá seguir disfrutando con gran placer sadomasoquista.

Al terminar mi viaje por España, me fui de ahí con una maleta extra llena de libros, y al culminar mi primer libro de Pilar, tuve la necesidad de ir por más. Actualmente tengo varias novelas y ensayos suyos en el librero, casi todos firmados con deliciosas dedicatorias.

image

Artículo publicado en la revista de Moda “Égalité”, Mayo-Junio 2012, pp 101 - 104 http://issuu.com/egalite-magazine/docs/_galit__mayo-junio_2012

Belle de Jour

       image

Ficha técnico/artística de la película:

Belle de Jour

Año: 1967

Duración: 100 minutos.

País: Francia-Italia.

Director: Luis Buñuel

Producción: Henri Baum, Paris Film Production; Robert y Raymond Hakim.

Guión: Luis Buñuel y Jean-Claude Carriere, sobre la novela homónima de Josseph Kessel.

Director de fotografía: Sacha Vierny (Eastmasncolor)

Editor: Louisette Hautecoeur.

Dirección de arte y decoración del set: Robert Clavel

Vestuario: Hélène Nourry

Protagonistas:

Catherine Deneuve: Sévérine Serizy/ Belle de Jour

Jean Sorel: Pierre Serizy

Michael Piccoli: Henri Husson

Genevieve Page: Madame Anais

Pierre Clémenti: Marcel

 image

                                                  Por: Lucio Rogelio Avila Moreno

Introducción

La belleza de las perlas

Una perla es un grano de arena envuelto y transformado lentamente en el interior de una ostra. Después se extraen de las ostras las perlas y se hacen collares, se comercializan, llegan a los cuellos de mujeres de la alta sociedad pertenecientes a una burguesía acomodada. La paradoja es que al final, en esencia, sólo usan arena, residuos terrenales recubiertos de baba de molusco, el nácar. Lo importante es la apariencia, lo que le da el valor al objeto termina siendo el tiempo invertido sobre la materia, el envoltorio, escondiendo en el fondo su más retorcida realidad.

            Algunos críticos comentan que las películas de Luis Buñuel se componen por una serie de cuentas, relatos que mantienen una circunferencia en sí mismos, son perfectos, redondos, aventuras independientes que al final hacen un magnífico collar. “Belle de Jour” no es la excepción, de alguna manera encaja perfectamente. La historia de una mujer burguesa que llega a prostituirse por placer, sumergiéndose en las profundidades frías y cavernosas de su propia identidad, impuesta por el mismo ambiente social, religioso, cultural y burgués, ella es una perla en sí misma, Sévérine, la mujer de la existencia onírica, los deseos reprimidos, la sublimación mediante la dominación.

            Luis Buñuel aceptó dirigir la película “Belle de Jour” por la insistencia de los hermanos Hakin. Basada en el libro homónimo de Joseph Kessel, una obra publicada por allá en el año de 1928, dentro de una Francia bastante conservadora a la novela, incluso la tildaron de pornográfica para su tiempo. Con la ayuda del magnífico guionista, Jean-Claude Carnière, el mismo que dijo “el mayor peligro para un guionista es la literatura”, aborda el tema de los deseos íntimos de una burguesía con valores decadentes, y no precisamente por ir en contra de la moral, sino sencillamente por ser hipócritas frente a su concepto aburguesado de moral.

            Buñuel, que siempre portó la bandera surrealista, se apegó fielmente a la creencia de la burguesía como el mayor error de la Revolución Francesa. Bajo los estándares de “la aristocracia nace y la burguesía se hace”, la Revolución Francesa viene finalmente a empoderar a la burguesía como nuevo comandante social, la hegemonía de una asociación paternalista/heterosexual que en gran manera sigue perdurando en nuestros días con gran vigor. Guy Hocquenghem señala en su libro “El deseo homosexual”, publicado en el año de 1972, que incluso, “en Francia el partido comunista ha desempeñado con frecuencia el papel de una especie de superego de la burguesía: representa la fidelidad a principios morales y acusa a la clase en el poder de haberlos representado sólo de palabra para traicionarlos mejor de hecho”[1]. La obra de Hocquenhem dista cinco años de la película de Buñuel. Si el teórico francés se encontró con una sociedad bastante moralina, el director español incursionó en “una Francia en la que el grupo surrealista vive ya casi extinguido y muy aislado, recién muerta su figura rectora, André Breton, y recogido en las catacumbas de la actividad artístico-cultural francesa de la época, en la Francia de Charles de Gaulle y de las sociedades de consumo”[2], esa sociedad que vive un creciente fascismo anidado en las entrañas del capitalismo burgués, donde “todavía está muy viva la memoria de la guerra colonial de Argelia, Buñuel vuelve para infiltrar en el cine del establishment elementos subversivos tomados de la visión del mundo de los surrealistas: la imaginación creadora, ligada implícitamente a la libertad (o ahora, al ‘fantasma de la libertad’), la rebelión de las pulsiones inconscientes y las transgresiones sadianas, con sus escorzos de novela gótica y literatura decadentista, elementos con los que Buñuel vuelve a enfrentarse a la ‘sociedad de consumo’, del ‘espectáculo’, y de ‘hombre unidimensional’ […] antes de a las sacudidas de los mayos del 68 y de las repercusiones de la Guerra de Vietnam”[3].

            Toda esta herencia político-cultural, que más que hereditaria es influencia de un momento específico, Buñuel la retoma con un aire de desencanto. Ya no cree realmente en las revoluciones pues han perdido su fin activista y transgresor, ahora se remonta al límite tangencial entre realidad/fantasía, perversión/expiación, vanguardia/clásico, militancia/burguesía, “las transgresiones en esta última fase de producción, cuando ha visto alejarse del horizonte socio-político las posibilidades revolucionarias de las revoluciones (valga la redundancia), se centran en los modelos narrativos, buscando formas alternativas de oposición y resistencia al cine clásico de Hollywood, tan al servicio de los valores establecidos”[4]. Esta nueva forma contestataria de hacer cine por parte de Buñuel, es una adaptación de un cine “comercial” militante en contra del cine clásico. Cabría preguntarse si acaso sigue latente dicho espíritu contestatario o sencillamente ha sido absorbido por el cine comercial.

            Martin Scorsese reestrenó la película en 1995 y la crítica comenta que el público salió tan confundido como en 1967. Años después, en el 2002, el mismo director neoyorquino lanzó la película en DVD para su completa comercialización, este homenaje/absorción por parte de Scorsese es digno de cuestionarse, sobre todo si homenajea a la forma o el contenido.

image

Parte I

Puta por placer y de alto copete

            Buñuel encontró con “Belle de Jour” su obra de mayor éxito comercial a pesar de ir en contra de los cánones del cine clásico y sus convencionalismos. Discutió en su momento la idea de no adaptar la novela pues le parecía poco elaborada en cuanto al personaje de Sévérine, incluso la tildó de rosácea. Sólo aceptó el proyecto para desplegar la fantasía, lo onírico, lo oscuro, el deseo prohibido de su protagonista. El éxito de Buñuel en este aspecto es su poder de síntesis frente a un personaje tan complejo, que sin embargo no tiene dicha riqueza en su base literaria, posiblemente por la época en que fue escrita y publicada la obra de Kessel.

            La adaptación de la novela se da en coautoría del guionista Jean-Claude Carnière, con quién trabajó arduamente durante los últimos años de su carrera (y ni tan últimos).  Cuando se leen textos del mismo director español se tiene una especie de acto inversamente proporcional a la idolatría; cuando se escudriña “Mi último suspiro”, Buñuel deja de ser un dios para pasar al ámbito del amigo y confidente, pues nos confiesa que poco tiene de escritor, así requería la ayuda de un guionista o novelista, en conclusión: necesitaba un escritor con todas sus letras para poder gestar películas. Dicho comentario me parece el epítome del artista visual, aquel que si pudiera expresarlo todo con palabras, entonces no requeriría de la imagen visual, del objeto o el soporte tangible dentro del espacio. Si el artista visual tuviera todas las palabras entonces no tendría  que decantar sus ideas en productos tan complejos como “Belle de Jour”; no, escribiría un libro teórico, se dedicaría a la investigación, perdería cierta vis como creador. 

Carnière confiesa que el mismo Buñuel no soportaba el papel de escritor, no era lo suyo, la perversión visual sí lo era, un erotismo casto en esta Belle de Jour encarnada por la siempre elegante Catherine Deneuve, quien en palabras del director aragonés era bella como la muerte, seductora como el pecado y fría como la virtud, “los productores ya la tenían programada, y me pareció de un tipo posible para el personaje: muy bella, reservada y extraña, por eso la acepté”, nos dice él.

            La perversión personal de Buñuel es un asunto indolente frente a lo sexual como posesión netamente erótica y carnal, a él le interesa lo retorcido con elegancia e intelecto, una perversión culta que evita a la vulgaridad. Él dice no ser un pervertido, pues si lo fuera escondería sus perversiones y no las expondría ante el público. Para Buñuel, hombre comprometido con el surrealismo y la sociedad en la que vivió, la perversión y el voyeurismo viene del público. Buñuel “permanece fiel a los presupuestos esenciales del surrealismo, cuya finalidad no es la obra de arte, sino la instauración de una nueva actitud para cambiar al hombre y al mundo, destruyendo la civilización burguesa cuyos pilares, religión, familia, poder, establecido en todas sus manifestaciones, convenciones sociales y fuerzas represivas, son objeto de una guerra sin cuartel en nombre y en defensa de una auténtica moral de la libertad del hombre mismo, en tanto que individuo y como ser social”[5].

Curiosamente con “Belle de Jour” Buñuel no edifica nada. Incluso sumerge a su protagonista, una burguesa entre aburrida y llena de conflictos (así como deseos y ansiedades), en el mundo de la prostitución; negocio yuxtapuesto por la vendimia del cuerpo femenino (por necesidad económica, en este caso por placer o necesidad existencial), con la explotación masoquista de su protagonista frente a un mundo machista. Sévérine se introduce en un mundo paternalista con función de ‘objeto que desea ser dominado’. Ella lo sabe, ha tomado la elección de obtener placer gracias al abuso masculino, sin embargo el placer y la ruptura social es a la introspectiva. La protagonista podrá ser un objeto de compra/venta para sus clientes e incluso para Madame Anais, la dueña del burdel, pero en sí misma crea una ruptura al gozar del abuso,  ¿quién utiliza a quién?, Sévérine se sirve de los propios cánones de la sociedad burguesa para satisfacer sus deseos sexuales que la misma sociedad le ha prohibido, encuentra una puerta cerrada, pero abre una hermosa ventana a la libertad, con mejor vista, con mayor placer aunque no por ello sin sentir culpa, “sé que algún día tendré que pagar por todo lo que he hecho, pero sin esto no podría vivir”, nos dice la protagonista.

Efectivamente Buñuel no edifica nada nuevo dentro de los cánones sociales, no da una nueva fórmula, un nuevo método, una nueva concepción de moral, pero sin embargo esto no significa que refuerce los criterios de la burguesía, es más, Buñuel derruye, corroe, derrumba, hace que la tierra tiemble porque va contra todos y contra todo lo que en aquella época le rodeaba: familia, iglesia, capitalismo, fascismo, etc. Al introducir a su personaje en el juego capitalista/burgués/machista, logra  una crítica no concretamente hacia Sévérine, quién se adapta a este juego social, sino hacia los que la inducen a esa adaptación.

En el filme tenemos a un catalizador para Sévérine: el burgués Husson (interpretado por un correctísimo Michel Piccoli), tildado de rico y ocioso por su paraje en turno y amiga de Sévérine. Husson es quién le habla sobre los burdeles, la doble vida, le pone la carnada e incita, Sévérine cae rendida. Esta rendición es paralela a su fría relación con su marido Pierre, un cirujano de facciones perfectas, cuerpo escultural, gran carácter y un encanto dulce pero no excitante, comprensivo y no dominante, sencillo y algo soso… aún así Sévérine le ama, pero también ama su vena masoquista, ama ser una prostituta por placer, ambas partes de sí se complementan, es una contradicción, un desvarío proporcionado por una sociedad opresora, ¿por qué no podría Sévérine tener ambas cosas si le funcionan tan bien?, gracias a que es prostituta por las tardes logra ser la esposa que desea frente a Pierre, sin embargo la sociedad le dice: querida, eso no es posible, te dedicas a una cosa o a la otra.

Con “Belle de Jour” se adopta una especie de documental delirante sobre la psicología del personaje, muy similar a “Él” (1952), otra película de Buñuel, donde la línea entre realidad y fantasía se pierde fácilmente, llegando a una zona liminal y temporalmente autónoma, ¿Y qué si la vida es un sueño?, ¿podría ser que todo esto, este instante, sólo este y nada más, es la realidad y todo lo demás sólo producto de una ensoñación? La autonomía que obtiene Sévérine en cada una de sus aventuras enmarca la metáfora de la perla en sí misma. Cada día, cada hombre, cada aventura, es una perla perfectamente degustable, sólo después, cuando ha salido de la ostra, se une al collar y podemos apreciarla desde afuera en conjunto, “la vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata”, dice acertadamente Virginia Woolf en su libro “Orlando”. Sévérine no quiere dejar de soñar ya que eso implicaría su muerte.

La realidad surrealista de Buñuel no sólo es deudora de un movimiento ya casi caduco en Francia, enflaquecido por la muerte de Breton, sino también del mismo realismo mágico que experimentó el director estando en México. Comentando con Elena Poniatowska en una entrevista, dice le gustaría adaptar la obra de Juan Rulfo, pues le intriga el paso de la realidad a la fantasía casi sin sentir la transición, pero no puede. ¡Ya nos habría hecho un gran favor el director Carlos Velo si hubiera escuchado a Buñuel antes de rodar la adaptación de “Pedro Páramo”! (con la colaboración en el guión del novelista Carlos Fuentes y el productor Manuel Barbachano Ponce) estrenada en el año de 1967, en paralelo con “Belle de Jour”, donde se aprecia una terrible linealidad, quitándole el encanto y la magia al relato rulfiano. Algunos no podemos dejar de preguntarnos ¿qué habría sido de la adaptación de “Pedro Páramo” en manos de Buñuel? Seguro una maravilla. El director aragonés logra una perfecta maleabilidad entre tiempo y espacio, donde sus protagonistas se pierden y en consecuencia nos arrastran a su delirio lleno de contraposiciones tales como la libertad y la opresión.

La doble vida de Sévérine, entre realidad y fantasía, se hace aún más evidente con  el nombre que le asigna Madame Anais. “Te llamaremos Belle de Jour, porque sólo vienes de día”, este renacer proveniente del juego de palabras “bella de día”, “florece de día” con “belle de nuit”, “bella de noche”, “la que florece de noche”, es una metáfora de la prostitución. En la actualidad, dentro de la sociedad postmoderna, se llama “Belle de Jour” a las mujeres de doble vida o a las prostitutas de la alta alcurnia, incluso ahora mismo se transmite una serie en Inglaterra con el mismo nombre de la película y habla sobre una mujer que se prostituye por amor al dinero, una simplificación del argumento bastante banal pero por lo mismo comercial.     

       image

Parte II 

La liminalidad de los sueños, entre la vanguardia y lo clásico

“Muchas películas de Buñuel se inician en movimiento, negándose a situar al espectador, en un espacio que se ofrece indefinido, que parece no existir, porque en realidad no existe, es un espacio mental. Sin embargo, cuando se dedican a escenificar explícitamente un sueño, todo parece monstruosamente real, los planos adquieren un relieve insoportable y se revelan en una conexión anteriormente impensable con la totalidad en la que, sin detenerse a celebrar el momento lírico, Buñuel vuelve a sumergirse de inmediato”[6]. Al inicio de “Belle de Jour” tenemos un plano general de un bosque, vemos como un carruaje decimonónico se acerca, escuchamos el trinar de unos cascabeles, se presenta a la pareja joven, Sévérine y Pierre discuten brevemente y al instante ella es arrastrada por su marido y los cocheros hacia el bosque, amordazada, azotada con látigos, ella no grita de dolor, gime de placer, porta un rostro cuasi orgásmico, después grita: “¡Pierre, por favor, no sueltes a los gatos!”.

En esta breve introducción  tenemos varios elementos que representan la realidad onírica de la protagonista:

1.- Los cascabeles. Siempre sonarán en el momento preciso en que Sévérine tenga sus fantasías sexuales o sus metáforas mentales, después, paulatinamente la fantasía se irá mezclando con la realidad y los cascabeles sonarán en momentos que el sueño parece realidad y a la inversa, desubicando al espectador dentro del tiempo y espacio. Buñuel sofistica su método surrealista de atemporalidad, ya no es un intento árido de representación onírica, donde las escenas pueden o no tener congruencia en sí mismas, aquí va más allá de la ruptura narrativo-temporal cinematográfica, apegándose a ciertos cánones del cine clásico y comercial con el fin de involucrarlas a su producción. Podría ser en esta hibridación de “estilos” (la vanguardia y lo clásico) donde encontramos el éxito de “Belle de Jour”, aunque el mismo director diga con total desenfado que él éxito es gracias a las putas, no a él.

2.- La dominación y el  masoquismo como catalizador onírico. Cuando un ginecólogo masoquista llega al burdel y pide estar con Belle de Jour, se desespera porque ella no puede interpretar el papel de mujer dominante, no le satisface, de cierto modo no son compatibles en este mundo de fantasía. Desde el inicio nos damos cuenta que en esta búsqueda de la ruptura, Sévérine es masoquista, tiene placer al ser sometida, la vena sadiana de Buñuel fluye aquí con gran vigor. Desde un inicio sabemos que a nuestra protagonista le gusta ser maltratada, después lo confirmamos cuando tiene su primer cliente en el burdel y ella, al intentar huir de él, es reprendida por Madame Anais:

-Me voy- dice Belle de Jour, con los dedos entrecruzados y cara de inocente perturbada.

-¿Qué?- dice Anais mientras la sujeta fuertemente del brazo- ¿de dónde sacaste esos remilgos? ¿Dónde crees que estás?, ¡vamos!

-Sí, señora, ya voy- escuchamos que dice la ahora dócil flor de día.

-Contigo hay que tener mano dura ¿no?

Madame Anais somete por primera vez a Sévérine, logrando con dicho sobajamiento la pulsión de Belle de Jour, ahora ella se entregará a Adolphe, su primer cliente, la primera posesión. Sin embargo, al no lograrlo con el ginecólogo, por esa falta de dominación por parte del hombre, es sustituida por una de sus compañeras, Charlotte. Después Belle de Jour atenderá a un coreano. Hombre grande y con cierto grado de brutalidad en sus facciones físicas. Cuando ella se encuentra en la habitación con su nuevo cliente, él tiene cascabeles en las muñecas y también le muestra una cajita misteriosa cuyo contenido no vemos, pero el sonido nos intriga, algo ahí comienza a zumbar, como si de un insecto se tratase, “ni yo mismo sé que había en esa cajita”, dice Buñuel. Cuando el coreano se marcha, entra la cridada, Pallas, a la habitación, al ver a Belle de Jour sobre la cama desecha y la recámara desordenada dice “A mí ese hombre también me daría miedo, algunas veces debe ser terrible”, a lo que Belle de Jour contesta “Tú qué sabrás Pallas”, nuestra protagonista no puede ocultar su cara de satisfacción. Belle de Jour se apega férreamente al concepto freudiano de eros y tánatos, su naturaleza contradictoria la obliga a cruzar las barreras de lo establecido por la sociedad.

En una representación bastante clara de esta dicotomía y contradicción, tenemos a su esposo Pierre y al peligroso joven Marcel (interpretado por un atractivo y fiero Pierre Clémenti), un cliente que termina enamorándose de ella. Marcel la golpea, le somete, Belle de Jour logra el éxtasis bajo la constante humillación de su amante, “si quieres no te cobro”, le dice ella. Es un trato de sexo y placer, un intercambio por el que Sévérine, gracias a esta vida de prostituta, logra perder parte de su frigidez frente a su marido.

3.- El maullar de los gatos. Una de las aventuras de Belle de Jour se llevará a cabo con un necrófilo que le contrata para que interprete el papel de su hija, una muerta que no logra el descanso por el constante deseo de su amante. Al inicio de la escena tenemos un carruaje que trina con los cascabeles, cuando Belle de Jour se entrevista por primera vez con el necrófilo aristócrata, él le dice “Viene mucho por aquí”, a lo que ella contesta, “En mi imaginación todos los días”. Después es transportada a la mansión de este hombre y escuchamos los cascabeles en el carruaje, y cuando la escena del ritual mortuorio se lleva a cabo, se perciben el maullar de los gatos, “Señor Duque ¿hago pasar a los gatos?”, dice el mayordomo, “¡Váyanse al infierno los gatos!”, contesta él en pleno ritual. Los gatos son otro indicativo del sueño, al inicio de la película tenemos el grito de Sévérine diciendo “¡Pierre, por favor, no sueltes a los gatos!”

4.- La ropa y el cromatismo. Es normal ver a Sévérine usando colores ocres, café, en armonía con su realidad de burguesa acomodada. La casa donde vive con su esposo tiene los mismos colores que sus ropajes, e incluso en las paredes vemos cuadros de artistas españoles inclinados a la vanguardia pictórica. Pero en la primera escena del filme apreciamos a Sévérine con un traje rojo, el mismo que aparecerá un par de ocasiones más, según avance la película y la fantasía. Este simple detalle ayuda, primero a exaltar y después a confundir la noción entre realidad y fantasía. Cuando asiste por primera vez al burdel de madame Anais lleva un vestido beige exquisito de una sola pieza, también tiene un abrigo negro que después será sustituido, según evolucione el personaje, por una chaqueta elegantísima que nos remite a su estado masoquista, el charol, lo lustroso, tiene un aire de fetiche sexual. Al final de la película, cuando toda la fantasía parezca haber terminado, Sévérine llevará un traje negro que remite a la servidumbre o bien a una monja. Todo diseñado por Yves Saint Laurent, exquisito por supuesto. 

5.- El flashback. Aunque no es un elemento que se muestre al inicio de la película, y que tampoco se repite con frecuencia, sólo tenemos dos flashbacks, es importante enunciarlos como reafirmación de la transgresión. El primero lo tenemos cuando Sévérine recuerda el momento en que un hombre, un aparente fontanero, le besó cuando era niña induciéndola a una un contacto erótico, sexual; el segundo, y quizá más importante, se aprecia cuando ella va subiendo las escaleras por primera vez hacia el burdel de madame Anais. Recuerda cuando se negó a recibir la comunión en la iglesia católica, esa transubstanciación del cuerpo de Cristo. Ella cierra la boca y mueve la cabeza en tono de negación. Ambos flashbacks dan al espectador información sobre la piscología del personaje, el primero por su deseo de posesión, el segundo como reafirmación de la prematura obstinación de la protagonista ante los preceptos social/religiosos y por lo tanto burgueses.

Respecto a esta ascensión por la escalera tenemos una segunda escena cuando Sévérine, decidida a prostituirse, va al burdel por segunda vez. En una magnífica toma a los pies de la protagonista, no sólo por el fetichismo de Buñuel, se remarca el acto decisivo y la dualidad del personaje. Vemos como los pies suben lentamente los escalones, después la protagonista duda y los pies, las piernas, la existencia misma regresa. Al final se decide por la ruptura, arriesgarse para obtener una realización personal. Hago apunte de esta escena no sólo como parte primordial del filme, sino también por la apropiación de la misma dentro de los arsenales de lo comercial.

En el año 2007, el grupo de rock alternativo llamado “Garbage”, comandado por Butch Vig (pero previamente productor de bandas como “Nirvana” y “Smashing Pumpkins”) y con Shirley Manson como vocalista, sacaron su álbum de recopilación “Absolute Garbage” con el cual se estrenó la canción “Tell me where it hurts”, cuyo video se encuentra basado en la película “Belle de Jour” de Buñuel. Dirigido por Sophie Muller, el video es un hermoso homenaje donde Shirley, con su grandiosa sensualidad, interpreta a una prostituta que canta en el estribillo: “Tell me where it hurts and to hell with everybody else. All I care about is you and that’s the truth. They don’t love me, I can tell. But you do, so they can go to hell”. En el clímax del video se aprecian los pies de Shirley Manson subir por la escalera entallados en unas botas de charol. Curiosa es la apropiación por parte de esta sociedad postmoderna frente a los productos que, aunque comerciales, fueron contestatarios y ahora son un producto de consumo por parte de la juventud. En mi caso, gracias a este video me interesé por la obra de Buñuel.

Recobrando los elementos anteriormente enumerados, podemos decir que se repiten de igual manera en la escena final del filme. Cuando Marcel dispara contra Pierre y este queda inmovilizado en una silla de ruedas sin poder si quiera hablar, tenemos a una Sévérine opacada, absorbida nuevamente por el sistema, “desde que tuviste el accidente, no sueño”, le dice a Pierre. Recibe la visita de Husson para decirle la verdad a Pierre, que Sévérine era una prostituta en un burdel clandestino, él lo sabe pues fue al burdel donde ella trabajaba y la descubrió. La nota final parece haber sido entonada, Sévérine se ve ahora sujeta a su marido cual mujer infiel que debe atenderle para expiar las culpas, es momento de pasar del remordimiento a la expiación. La contraposición es severa, nadie juzgará a Husson por asistir a estos burdeles, su situación masculina de burgués no es cuestionable, pero incluso la mujer dentro de la burguesía tiene una aire de sometimiento y desdén social; cualquiera podría juzgar a Sévérine con ahínco no sólo por ser prostituta, sino por ser burguesa, y más acá de la ecuación, sencillamente por ser mujer. “La dualidad de la película, inscrita ya en el doble nombre de la protagonista, ha dado pie a dos valoraciones encontradas por parte de la crítica feminista […] la de un feminismo radical, para el cual todo despliegue de erotismo femenino del cine establecido está irrevocablemente unido a la coerción y la violencia masculina, y por lo tanto ‘Belle de Jour’ sería un ejemplo más de la explicación de la mujer a través de este estereotipo; y la de un feminismo libertario, para el que la liberación y explotación de la sexualidad femenina importa más que las restricciones masculinas y, por consiguiente, ‘Belle de Jour’ tendría el valor potencial de un cuestionamiento de la sexualidad y la exploración de situaciones extremas que extienden las fronteras de la conciencia”[7].

Con la revelación final de Husson parece ser que se reafirma la teoría del feminismo radical. Sévérine, atada a su marido, ridiculizada por la burguesía masculina, utilizada por el sistema patriarcal, no le queda más que acoplarse nuevamente al sistema, la fantasía ha terminado dejándola en el sometimiento total de la ecuación. Pero se da un giro final. Escuchamos los cascabeles y los gatos maullar, Pierre se levanta de la silla de ruedas y acompaña a su esposa, ¿ahora Sévérine… Belle de Jour?, a la ventana, ya no están en su lujoso piso en la ciudad de París, sino en el bosque, aquel que apreciamos al inicio del filme. Con esta escena se cierra el collar repleto de hermosas perlas circulares y perfectas en sí mismas. De un modo Sévérine triunfa, la realidad y la fantasía se mezclan, ya no importa esta dualidad porque no existe, ahora estamos más allá de eso, es un no-lugar establecido por la autonomía de su protagonista. El mismo Buñuel dice haber perdido la noción entre realidad y fantasía al final del rodaje.  

El uso de un personaje femenino ayuda a la visión vanguardista de Buñuel. Aquí Sévérine interpreta, en la mayor parte del filme, a una especie de anti-heroína en contraposición al cine clásico hollywoodense, la absorción del sistema, el uso de su perversión para lograr placer dentro de una sociedad paternalista, aún cuando su papel tendría que ser al contrario: mujer sufrida que debe obtener el perdón de la sociedad después de transgredirla.

Al final Sévérine, Belle de Jour, con la mezcla de realidad/ fantasía, deja de ser la anti-heroína para lograr ser una verdadera heroína poco convencional. Gana una batalla, por no decir la guerra, entre los círculos sociales en los que se mueve, sin embargo esto se logra gracias a una especie de disociación personal, ¿es a caso una esquizofrénica y sólo ahí, dentro de la locura, se logra el placer de la mujer y su autonomía? Dudo que el discurso de Buñuel se inclinara en esta línea, pero directa o indirectamente, nos propone que la realización de su personaje femenino logra la autonomía en un espacio alterno, distinto al que vivimos a diario, lejos de esta triste realidad paternalista donde el discurso hegemónico no sólo es falocéntrico sino también heteronormativo.     

 

image

Conclusión 

Por predilección personal con repercusión en lo social

“Belle de Jour” es una innegable obra maestra de Luis Buñuel, director aragonés cuyos inicios en el surrealismo impregnan el resto de su producción. Ésta coproducción Francia-Italia, aunque lejana del surrealismo purista, toma varios elementos para crear una transgresión dentro del sistema comercial, es un homónimo de su propia protagonista. La película, al igual que Sévérine, se convierte en Belle de Jour y se introduce en un sistema patriarcal, en este caso, de cine comercial, para dar su punto de vista sobre la burguesía y la mujer dentro de la misma. No es un acto de transgresión pura, la incitación no es tan palpable como en los primeros trabajos de Buñuel, sin embargo el deseo de cuestionar y romper los cánones se encuentra ahí, probablemente a un nivel intelectual que roza paradójicamente la iconografía de élite y que hasta cierto punto se presiente ininteligible para muchos espectadores, pero es esta provocación lo que nos hace interesarnos más en la obra de Buñuel, la velación erótica de mixtura entre eros y tánatos, así como la realidad y fantasía, es aquello que no deja indiferente al espectador. Si el público decide escarbar más en las películas de Buñuel, se darán cuenta que existe algo más allá de la perla bien formada y se encontrarán con una depravada realidad.  

Puede resultar redundante la revisión de un trabajo del año 1967 tan conocido como “Belle de Jour”, existiendo tantas otras películas desconocidas que también merecen una visión que ahonde en su iconografía, mensaje, historia y contenido, pero más allá, podemos decir que sigue existiendo (y existirá) gente que no entienda por completo la película, y me incluyo dentro de esa gente, que requiere de un estudio a fondo para estar en contacto con el espíritu potencial del filme. En mi caso este gusto casi innato por el filme no había quedado tan claro hasta el presente estudio. El analizar el arte es analizarse a uno mismo dentro de los confines de las predilecciones personales, y si se logra transmitir con un poco de pasión, entendimiento y amor que se tiene por una pieza de arte, entonces quizá la identificación con el público crezca y el mensaje del artista se democratice con mayor ahínco… que Buñuel no requiere de ayuda alguna, pero probablemente muchos necesitamos aún de la ayuda de Buñuel, sobre todo para cuestionar tantos prototipos sociales, y si el director aragonés destruye, derruye y rompe con todo lo burgués, sea iglesia, ejército, familia, etc. el papel de la sociedad actual, de los creadores e historiadores, es la reedificación de una sociedad distinta. El espacio ya está hecho, la brecha se abrió, ¿qué haremos como entes de la sociedad postmoderna? De la asimilación del pasado nacen las tentativas para un futuro, o mejor planteado, para el presente.

      

        image



[1] Hocquenghem, Guy, El deseo homosexual, Ed Melusia, España, 2009, pp.44

[2] Fuentes, Victor, Los mundos de Buñuel, Ediciones Akal, España, 2000, pp. 164.

[3] ibíd.

[4] ibíd.

[5] Sánchez Noriega, José Luís, Historia del cine. Teoría y géneros cinematográficos, fotografía y televisión. Alianza Editorial, España, 2002, pp. 364.

[6] Íbid.

[7] Fuentes, Victor, Los mundos de Buñuel, Ediciones Akal, España, 2000, pp. 174



"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info


"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 


1 de diciembre del 2010
Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.
La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 
Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.
Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  
Zoom Info

"Tengo un cuello muy fino" de Lucio Avila 

1 de diciembre del 2010

Homenaje a Ana Bolena, mujer que pasó de amante a reina de Enrique VIII, rey de Inglaterra,  gracias a distintas tácticas políticas tanto de su familia como propias. Ella se erige una fama que le crea y coloca en el poder, sin embargo después los mismos círculos y líneas que le establecen como reina, también le destruyen. Todo es un vortex existencial en el que la gente, con su imagen social, se encuentra expuesta.

La historia de Ana Bolena ha tenido muchas lecturas tanto personales como gremiales. De reina protestante a furcia oportunista; amante, astuta y carismática que rompe con el roll adjudicado a la mujer, es la evasión del estatuto de belleza implantado en la época Tudor. También acusada injustamente de bruja pendenciera e incestuosa. Los hilos de su historia se mezclan para dar una telaraña, que aunque se presume ordenada, no es más que un tejido de reinterpretaciones banales que flotan en su entorno. Nuestras reinterpretaciones, ella vivió su vida, no fue mejor o peor que la de otros. Nosotros mistificamos a la gente, de eso se trata el homenaje. 

Tejer, bordar y lamentarse era lo único que podían hacer los prisioneros previos a la muerte. El morado como color de la transmutación y la realeza. Ana Bolena lo usaba aún cuando no era reina. En el momento en que le dijeron “Pero mi lady… la reina Catalina de Aragón aún vive y se encuentra casada con el rey”, refiriéndose  que ella no podía usar el morado, Ana Bolena contestó con gran orgullo y desdén “Por mí, todos los españoles se pueden ir al fondo del océano”. Cabe destacar que Catalina de Aragón era española.

Ella perdió la cabeza por su propia fama. Horas antes de morir, cuando le dijeron que su ejecutor se había retrasado, ella dijo con una sonrisa: De cualquier modo no le costará mucho trabajo, tengo un cuello muy fino.  

We make Tumblr themes